Saltar al contenido

Los 5 cuentos e historias ecuatorianas más famosas

Cuentos-e-historias-ecuatorianas

Los cuentos e historias ecuatorianas que nos narraban nuestros abuelos, no son cuentos parecidos a las clásicas historias de Disney. Se trataban de relatos misteriosos, con desenlaces inesperados y, en algunos casos, escalofriantes.

Muchas de estas historias ecuatorianas fueron transmitidas de generación en generación, al calor de las fogatas, entre las poblaciones de ecuador. Existen muchísimas historias ecuatorianas y ellas han quedado plasmadas, incluso, en libros.

“Estas historias ecuatorianas están plasmadas en la memoria del ecuatoriano y en varias de sus obras literarias”

Ecuador se caracteriza por su rica cultura y folklore, a pesar de ser un territorio relativamente pequeño. Las historias ecuatorianas que veremos a continuación, varían según la región, algunos hechos son sucesos de la vida real y otros fueron creados para mantener a los niños a raya.

El padre Almeida

El padre Almeida es una de las historias ecuatorianas
El padre Almeida es una de las historias ecuatorianas

Se trata de la historia de un hombre que juro dedicar su vida a Dios, pero se dejó llevar por la tentación y tuvo un suceso horrible. A continuación el resumen de esta historia…

El padre Almeida no era diferente de otros párrocos de los pueblos típicos de Ecuador. Iniciaba la misa a tiempo y guiaba a los feligreses en la ruta del señor. Pero, no era ningún secreto para la gente del pueblo, que padecía de un problema con la bebida.

En la menor oportunidad, se escapaba para ir a la taberna a embriagarse. Subía a la torre más alta del templo, pasaba por encima de la figura de cristo crucificado, hasta alcanzar la ventana de salida. Era inevitable su mal comportamiento, cuando la sed se apoderaba de él.

Una noche, al tratar de escapar por encima de la figura de cristo, Escucho una voz que le decía:

-¿Cuándo dejarás de hacer esto, padre Almeida?

Al voltear el sacerdote, se encontró a una persona desconocida, muy bien vestido, pero presentaba una tez inusualmente pálida. Con ojos negros y una mirada apagada, sin vida.

Restándole importancia a tan extraña situación, respondió mientras saltaba por la ventana:

-Cuando se me quiten las ganas de beber.

Esa noche disfrutó entre tragos y música junto a los parroquianos, como de costumbre. Al salir, tambaleándose por el exceso de licor en su organismo, se tropezó con dos hombres que llevaban un pesado ataúd.

El ataúd cayo al suelo bruscamente y se abrió, dejando escapar al cadáver que llevaba adentro. Al levantarse Almeida, apenado con los desconocidos, se disculpó con ellos.

Pero su disculpa fue interrumpida por el horror que le produjo cuando se fijó en el cadáver que había rodado por el suelo. ¡Era la misma persona que le había hablado cuando escapaba de la iglesia! El sacerdote se quedó tan espantado, que la borrachera desapareció al instante.

Desde ese día, prometió al Cristo crucificado, no volver a beber licor en su vida. Dicen que en el rostro de Cristo se dibujó una sonrisa, porque su oveja descarriada estaba de vuelta en el rebaño.

El farol de la viuda

Historias ecuatorianas de la viuda del farol
Historias ecuatorianas de la viuda del farol

Esta es otra de las historias ecuatorianas más famosas, la cual habla de una mujer que no podía descansar en paz, por los horribles crímenes que cometió en su vida. Veamos de que se trata….

Cuentan que hace algún tiempo, en la ciudad de Cuenca vivía un matrimonio joven. El hombre era responsable y buen proveedor. Pero la mujer no lo valoraba, era desenfrenada y tenía aventuras ocasionales con otros jóvenes de la ciudad.

Del matrimonio nació un bebe, pero eso no detuvo a la infiel esposa. Cada noche, cuando el esposo llegaba a casa, ella se disponía a seguir con sus aventuras. Para evitar sospechas del marido, llevaba consigo al bebé con la excusa de dormirlo a la luz de la luna.

Una noche salió como de costumbre, a “dormir al bebé”. Se encontró con su amante y caminaban a la orilla del río Tomebamba, cuando de pronto el niño resbala de sus manos y cae al río, quien fue arrastrado por la corriente.

Desesperada, la mujer toma un farol para buscarlo, pero pronto el río ahogo el llanto del pequeño. Fue corriendo a casa a pedir ayuda de su marido, quien sale presuroso en dirección al río y comienza a buscarlo nadando sin parar, hasta ahogarse también.

La mujer había perdido a su familia en una noche de locura. Llena de remordimiento, vagaba en las noches por el río, llamando a su esposo y a su hijo. Se había degradado tanto que daba lastima. Al poco tiempo, sin superar el dolor de su perdida, terminó suicidándose.

Desde entonces, comenzó a aparecer una figura fantasmal en las orillas del río con una especie de farol, buscando a su familia. Dicen que castiga a las personas infieles que frecuentan estos rumbos con una aterradora sorpresa.

La bella Aurora

El toro y la bella Aurora
El toro y la bella Aurora

Es una de las historias ecuatorianas más terroríficas, transcurrió en la ciudad de Quito hace años atrás…

Cuentan que hace tiempo vivió una joven muy hermosa que se llamaba Aurora, hija de familia adinerada, cuyos padres guardaban un buen lugar dentro de la sociedad.

A pesar de su belleza y fortuna, Aurora no pensaba en casarse. Despreciaba a cualquier pretendiente que se acercaba con fines matrimoniales. Sin embargo, su familia la presionaba para que formara una familia con algún joven de la alta sociedad, pero ella se negaba rotundamente.

Un domingo por la mañana, Aurora se dispuso ir a la plaza de la independencia, donde se celebraba la tradicional corrida de toros. Ocupando su lugar habitual, disfrutaba de la fiesta, hasta que soltaron a un toro negro enorme y enfurecido.

La bestia embistió la tribuna donde ella se encontraba, mirando fijamente a la joven con una expresión de furia incontenible. Esto causo conmoción en Aurora, hasta el punto de desmayarse. Inmediatamente un doctor la examino y determinó que solo había sido la emoción del momento, recomendando que descansara.

Una vez en su habitación, la chica dormía calmadamente. Horas más tarde, la chica despertó sobresaltada cuando escuchó un ruido terrible. Era el mugido del toro furioso que se acercaba rápidamente a su aposento.

De pronto, el toro derrumbó la pared de su habitación y apareció lleno de ira como si fuese el mismo diablo. Aurora gritaba de susto, pero nadie acudió en su ayuda. Sin perder tiempo, el toro la embistió una y otra vez, hasta dejarla tendida en el suelo.

Por la mañana, los padres fueron a ver como seguía su pequeña, pero al entrar en la habitación se encontraron con una escena aterradora: la habitación estaba destrozada y Aurora estaba en el suelo pálida y sin vida.

Hasta el presente, nadie ha podido explicar aquella extraña situación, ni por qué aquella bestia había atacado con saña a la bella Aurora.

La Condesa de Loma Grande – Historias ecuatorianas

Historias ecuatorianas de la Condesa de Loma Grande
Historias ecuatorianas de la Condesa de Loma Grande

Esta es otra de las historias ecuatorianas que gira en torno a la ciudad de Quito. Se trata de la trágica y espeluznante leyenda de la Condesa de la Loma Grande. Una mujer que vivió en esta ciudad en los años 1880 y 1890…

Cuenta la historia que una joven, hermosa y bien posicionada dentro de la sociedad, disfrutaba cada viernes en la noche, visitando los bares del Centro Histórico y llamando la atención de los hombres. Todos sabían que la mujer vivía en una casa elegante, ubicada en la Villa Encantada de Loma Grande.

La Condesa de Loma Grande no tenía reparo en invitar hombres a su casa; algo impensable para las jóvenes de esa época, sin el consentimiento de sus padres. Pero lo más extraño de la historia es que estos pretendientes desaparecían sin dejar rastro.

Siendo la principal sospechosa, las autoridades pronto la apresarían. Adelantándose a los hechos, la condesa de Loma Grande, hizo sus maletas y se marchó en medio de la noche, para nunca regresar. Nadie sabía su paradero.

Cuando la policía registró su vivienda, descubrieron en el jardín los cuerpos de sus amantes, brutalmente asesinados.

Dicen que aún permanecen atrapadas las almas de aquellos hombres dentro de la residencia de la condesa. Los que pasan cerca del lugar deshabitado, son testigos de sus macabros ruidos, sombras tenebrosas y movimientos inexplicables de objetos dentro del lugar.

La caja ronca

Fantasmas, la historia de La caja ronca
Fantasmas, la historia de La caja ronca

Es un relato acerca de dos jóvenes que dudaron de las historias ecuatorianas y descubrieron con terror que es mejor no salir de noche. Veamos como transcurrieron los hechos…

Carlos y Manuel eran dos amigos, residentes de la hermosa ciudad de San Miguel en Ecuador. Una mañana, el padre de Carlos pidió a su hijo regar las plantas del jardín, puesto que era época de sequía y no había llovido.

Carlos asintió, pero olvido hacerlo. Llegada la noche, recordó la tarea que le había encomendado su padre, pero le dio miedo de salir a regar las plantas solo, por lo que invitó a Manuel para que lo acompañara.

Los amigos salieron de la casa rumbo al jardín, cuando de pronto escucharon unas voces susurrantes que provenían de un lugar cercano. El idioma de las voces era extraño, causándoles un escalofrío aterrador.

Corrieron a esconderse entre los arbustos y presenciaron una procesión fantasmal, de un grupo de espectros encapuchadas que parecían flotar sobre el suelo, portando largas velas blancas. Atrás se podía observar una carroza negra, conducido por una extraña criatura con cuernos en su cabeza.

Inmediatamente, Carlos recordó una historia que solía contar su abuela acerca de una Caja Ronca, una procesión de fantasmas que aparecían ciertas noches.

Los amigos, muertos del miedo, no dejaban de mirar aquella terrorífica escena. De pronto, el carruaje se detiene y el diabólico conductor gira la cabeza en dirección a ellos. Rompió el silencio con una horrible carcajada, causándoles un pánico infinito al par de muchachos, quienes se desmayaron.

Al amanecer volvieron en sí y en ese momento recordaron la escalofriante escena de la noche. Al ver sus manos descubrieron que sostenían largas velas hechas de huesos humanos. La soltaron rápidamente e impulsivamente gritaron de terror, mientras corrían rápidamente a sus casas.

Los amigos jamás olvidarían lo que habían visto esa noche. Hoy en día, cuentan aquella historia a sus hijos y nietos, aconsejándoles que jamás salgan de noche si no quieren toparse con la Caja Ronca.